Soy de Orión

Me he quedado boquiabierta ante estos maniquís galácticos y, de repente, me he ido al pasado. Me he acordado de una regresión que hice años atrás en el FAC, de la mano de una bella mujer que se llama Montse Blancafort.

La terapia de regresión ya la usaban nuestros ancestros, tanto los orientales como los occidentales. La técnica consiste en llevar a la persona a un estado de relajación profunda para que la mente en reposo, permita que el inconsciente nos muestre recuerdos escondidos que, al desvelarse, nos ayuden a entender y mejorar nuestro presente.

Yo quise experimentar la regresión un poco por conocerme más a fondo, y un mucho de curiosidad.

La cuestión es que me tendí en la camilla y me dejé llevar con total confianza por la voz cálida y el talante cariñoso de Montse. Ella me guio por unas escaleras ficticias que yo bajé peldaño a peldaño, hasta que caí en un estado somnoliento y apacible. En ningún momento perdí la consciencia, pero me veía desde fuera, como si alguien, ajeno a mí, observara todo lo que sucedía sin tomar partido.

No me extenderé en las sensaciones y las imágenes que vinieron a mí, y que yo vivía como si fuera protagonista y espectadora a la vez. La cuestión es que, en un momento dado, Montse me preguntó de dónde era. En otra situación, seguro que le hubiera respondido que nací en Pineda de mar, pero que vivía en Barcelona desde los 24 años; sin embargo, me oí decir: «Soy de Orión.»

Lo curioso es que nada más soltarle cuál era mi origen con total naturalidad y ella recibir mi respuesta de la misma manera, me vi compartiendo una meditación con un grupo de seres que desprendían una luz azul, entre índigo y cobalto, y me transmitían una paz y un amor que casi no podía sostener.

La vida siempre me ha parecido un misterio. No tengo explicaciones para casi nada de lo que nos pasa a los seres, pero lo que sí os puedo asegurar es que supe, en aquel instante, que dentro de cada uno de nosotros habita la memoria del universo entero. Supe que todos, humanos y no humanos, somos polvo de estrellas, luz. Comprendí la vastedad inabarcable que somos, a la vez que acepté la parte del todo que me ha tocado representar.

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