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«La vida nos empuja a avanzar aún a sabiendas de que no vamos a ninguna parte, y en ese movimiento sin fin cada uno de nosotros deja un dibujo en la conciencia de la humanidad.»

Mis diarios, mis libros y mi perro fueron el refugio de mi infancia. En el diario dejaba constancia de mi cotidianidad, gracias a los libros escapaba de ella, y junto a mi perro, con quien mantenía largas conversaciones, tejía mis sueños. Contar historias siempre ha sido lo mío, pero a la vida también le gusta expresarse y utilizarnos como personajes de su obra, así que no nos queda más remedio que actuar. LEER MÁS

Una soleada mañana de primavera, domingo, mi mundo dio un vuelco. Ojeaba el periódico cuando me tropecé con un grupo de jóvenes exitosos. Chicas y chicos que, a pesar de su temprana edad, ya podían decir que eran escritores, músicos, directores de cine… Al verlos tan sonrientes y orgullosos de sí mismos, sentí un pinchazo en el estómago y una voz en mi cabeza: «Tú estás a punto de cumplir 27 años y no has hecho nada en la vida. Ya es tarde, nunca serás un genio.» Me había diplomado como Maestra especializada en Educación Infantil y en Educación Especial. Había trabajado con chavales con Transtornos del Espectro Autista (TEA), había aprobado las oposiciones de funcionaria de carrera, me había licenciado en periodismo; en ese momento trabajaba con chicos con riesgo de exclusión social a la vez que realizaba vídeos para el Departament d’Ensenyament… pero, según mi «pepito grillo», no había hecho nada que valiera la pena. Esa mañana caí en una depresión que durante años escondí detrás de una vida autodestructiva, tanto a nivel físico como emocional, hasta que mi cuerpo y mi equilibrio psicológico se resquebrajaron.

Mientras intentaba rehacerme y encontrar mi lugar en el mundo, trabajé como creativa, guionista y realizadora, tanto en el medio televisivo, como de free lance para diferentes productoras y organismos. De la mano de Médicos sin Fronteras realicé una serie de reportajes para dar a conocer su labor en África y Sudamérica. Uno de ellos, Ni Missioners ni Aventurers (Ni Misioneros ni Aventureros), ganó el Premi Actual, otorgado por la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió de Catalunya. En aquel momento también trabajé como guionista en los documentales: Els ulls del temps (Los ojos del tiempo) y Retratos del alma. Sin embargo, sentía que aún no había entregado ese «algo» que pulsaba con fuerza dentro de mí.

Aunque suene tópico, empecé a sintonizar con mi propósito de vida cuando dejé la ciudad y me fui a vivir al campo. En medio de la naturaleza descubrí mi verdadera naturaleza. La tierra, el agua, el Sol y el viento me acogieron. Los halcones me abrieron los ojos, los árboles del bosque limpiaron mi corazón y mi mente, y los animales me entregaron su inocencia. Por fin, la semilla que llevaba dentro podía abrirse y brotar. En esos años escribí los libros: Desde el Infinito y más allá, cuentos para abrir la mente y el corazón, y Olvidar lo que hemos aprendido para recordar quiénes somos realmente; y realicé el documental, Una realidad Paralela.

Cambié el bosque por la ciudad de Los Ángeles, pero la esencia que había germinado en mí me acompañó. Durante mi estancia en Santa Monica tomó cuerpo el libro, El Poder del Silencio, y la historia de la Hermandad de la Estrella Polar, una trilogía (El surgimiento, El poder de la Flor de Lis, La Matriz de la vida) que nació a raíz de una intuición que tuve en un viaje a Sin, un pequeño pueblo ubicado entre las montañas del pirineo aragonés. También, en Estados Unidos, tuve la oportunidad de reinventarme, algo que los norteamericanos hacen de la manera más natural del mundo. Fue allí donde me rebauticé: Jai Arumi.

De nuevo en Barcelona o, un poco en todas partes, las piezas del puzle acabaron de encajar. La pasión por escribir, mi experiencia pedagógica y mi trayectoria vital se unían en un nuevo proyecto: «ToBloom, La intuición aplicada a la acción.» Un método válido para todo el mundo, pero dirigido en especial a los jóvenes, para que descubran cuál es el fruto que se esconde dentro de su semilla. Para que descubran que son únicos, a la vez que uno con los demás, con las estrellas y con el universo entero. En su momento, a mí me hubiera gustado que alguien canalizara la pasión que sentía dentro, que me ayudara a entregarla al mundo, que me convirtiera en el genio de mi vida. Ojalá yo pueda ser ese «alguien» para quienes se crucen en mi camino.