Sí, necesito creer en mí

La pregunta es, ¿qué significa creer en mí misma?, me soltó el otro día una chica. Lo dijo con esa mezcla de inocencia y de impotencia que se da a los 22 años, cuando una no sabe cómo manejar lo que le pide el cuerpo y lo que le susurra el alma.

Me mantuve en silencio. No quería responderle con una frase que alguna mente brillante ya hubiera pronunciado antes, ni con un bonito slogan de autoayuda. Mi intención era entregarle un poco de verdad, esa verdad que sale del corazón y que no pretende disfrazar al mundo, sino más bien arrancarle todas las vestiduras.

Pasaron cinco, diez, quince minutos y ni una palabra salía de mi boca. El silencio no me dejaba hablar.

Al final, fue ella quien, con los ojos llenos de lágrimas, me miró. Tampoco dijo nada, pero lo supe enseguida: había oído la verdad. No mi verdad, sino la verdad que había surgido de su corazón. La verdad le había mostrado su grandeza, su inmensidad, su fortaleza… Le había dado todo lo que necesitaba para creer en ella. Le había dado una fuerza que ya nunca nadie le podría arrebatar.

Entonces le di las gracias al silencio por dejarme sin palabras, y a la verdad por hablar en mi lugar.

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