Be relax

Tengo la suerte de disfrutar con los platos humildes y las actividades sencillas. Soy feliz con un par de huevos fritos hechos con amor y degustados en buena compañía, y con una tarde de paseo por el campo o la ciudad, me da igual. Me gusta ir de vacaciones y descansar, y no tener que descansar cuando llego de vacaciones. Me encanta pasar el día con mis amigos, compartiendo logros, alegrías y tonterías, y también desengaños y malos momentos. Me da plenitud sentarme en meditación y perder la noción del tiempo y del espacio, y luego abrir el ordenador y escribir dos líneas con sentido.

Mi impaciencia me ha enseñado a tomarme la vida con tranquilidad, y la exigencia me ha enseñado a soltar. Ya no empujo mi día a día como un carnero enfurecido, sino que me entrego a la situación que se presenta instante a instante. A veces lo que llega no me gusta, me duele, me cuesta, me decepciona, me irrita, me enfurece. A veces no tengo visión, no sé qué tengo que hacer ni cómo comportarme. A veces reacciono con desmesura y otras me quedo paralizada. A veces siento una confianza profunda y otras un miedo que te cagas. Sí, por qué negarlo, la existencia en la Tierra, la de cualquier ser vivo, es como estar dentro de un parque temático en el que no ves la atracción que te toca hasta que no estás montado en ella. Mientras giras en bucle en la montaña rusa puedes gritar aterrorizado, llorar, quejarte o lanzarte al vacío, pero también puedes recordar que la vida es un juego.

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Si abres los sentidos, abarcarás todas las dimensiones.