¿Aquí 100%?

Los humanos nos aferramos a las palabras porque sabemos que hemos tejido la realidad con ellas y que, si un día desaparecen, el mundo se convertirá en un sueño y nosotros en una ilusión. 

Me pregunto quién fue el primero que pronunció la palabra «fuego» asociada a esa chispa de energía que permitió que nuestros ancestros cocinaran y se calentaran. También me pregunto cómo surgió el amor o, mejor dicho, la palabra amor, y si amor y te quiero aparecieron juntas, o primero fue la una y luego la otra. La verdad es que me he preguntado miles de veces cómo seríamos nosotros y «todo», antes de que ellas, las palabras, resonaran en nuestras gargantas y dibujaran conceptos en nuestra mente.

Os confesaré un secreto. Durante años me aferré a la palabra «presente», y a la nomenclatura «aquí y ahora». Eran conceptos que me daban seguridad y me recordaban que el pasado no existe y el futuro no está escrito.

Sin embargo, un día las palabras me abandonaron por un segundo y mi mente quedó vacía de conceptos, ideas, proyectos y proyecciones. La verdad es que no sé si fue un segundo o una eternidad, porque el tiempo y el espacio se diluyeron en la inmensidad de un silencio silencioso que respondió a todas mis preguntas sin decir nada.

Entonces descubrí que no hay aquí ni ahora, ni presente, ni pasado, ni futuro porque no hay tiempo ni lugar, solo energía pura de la que emana el fluir de la vida con todo lo que la vida contiene. Descubrí que yo era energía pura y fluir de la vida al mismo tiempo. Me di cuenta de que las palabras nos sentencian y el silencio nos propone. Entendí que, anclada en el silencio, podía seguir el fluir de la energía que se manifiesta en mí: Intuición, Emoción, Razón, Acción. Entendí que ese fluir no necesita que lo empuje, ni lo dirija, solo que lo deje expresarse igual que se expresa en un árbol o en un gato. Entendí que no tenía ninguna medalla que colgarme, ni ninguna culpa con la que castigarme. Entendí que las expectativas, los juicios, la crítica y el miedo eran piedras que bloqueaban ese río de energía, y que no podía apartarlas con la voluntad, sino con mucho amor y aceptación.

En fin, fuera del tiempo y del espacio y del aquí y del ahora, incluso del presente, entendí que en el silencio y del silencio nace y muere el fluir de la vida y nosotros y las palabras con él. Aunque juraría que las palabras las inventamos los humanos por nuestra cuenta, para divertirnos mientras jugamos a escondernos para que el tiempo no nos atrape y el espacio no nos encasille.

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