Amor en Acción

Hoy me he cruzado con una amiga que tuve en el pasado, y que dejé de ver porque nuestros caminos tomaron rumbos muy distintos.

El encuentro no ha durado más de cinco minutos, pero en ese tiempo me ha contado que estaba de baja porque se sentía muy mal, que tuvo gemelos por inseminación, que durante el parto la tuvieron que operar a vida o muerte, que justo cuando salió del hospital su padre murió de cáncer y que sigue sola y sin pareja.

Al despedirme de ella con un inaudible «adiós», me he sentido aliviada y culpable al mismo tiempo. Me veía como un tornado que, a su paso, traga gente y cosas que no son suyas.

No son los sucesos dolorosos que mi amiga ha pasado durante estos años lo que se me ha quedado dentro dando vueltas, sino su sufrimiento.

Todos hemos pasado malas rachas, algunos, muy malas, yo tampoco me he librado de ellas. Sin embargo, mientras algunos hemos podido reconvertir ese dolor en motor de cambio, otros se han quedado atrapados en él.

Es fácil decir que podemos escoger vivir en el amor o en el dolor, pero a mí me parece que cada uno de nosotros representamos un papel en este teatro de la vida, y que todos ellos son importantes. Todos ellos sirven a la vida y, si estamos atentos y no nos perdemos en juicios, cada uno de los seres humanos con los que nos cruzamos puede ser nuestro maestro.

Mi amiga me ha llevado a la prepotencia de pensar que yo estaba mejor que ella y que tenía mucha suerte, pero también a la humildad de comprender que ella y yo, las dos por igual, somos chispas de luz, amor en acción, cada una a nuestra manera.

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